Alastair Bonnett nos lleva Fuera del mapa

Los hombres y mujeres de principios del siglo XXI tenemos la idea, casi la certeza, de que el mundo ya ha sido explorado, cartografiado, reconocido en cada palmo de su extensión. Estamos convencidos de que, una vez trazados todos los mapas, fotografiado por satélite cada rincón, la “verdad” geográfica está asentada como algo ya inmutable y definitivo. Si una virtud tiene este libro de Alastair Bonnett es la de hacernos ver que esto no es exactamente así. Otra, no menos destacable, es recordarnos que la geografía puede ser una disciplina apasionante.

¿Qué idea unifica un libro divulgativo que habla de islas desaparecidas, salvajes no contactados, tierras de nadie, áreas de cancaneo y escenarios de la infancia del autor, entre otras muchas cosas? Subyace el concepto de topofilia, prestado del geógrafo Yi-Fu Tuan y que el propio Bonnett nos explica: la topofilia, un vínculo con los sitios, un verdadero “amor al lugar”, que tiene que ver con la necesidad de cierto misterio, de dejar cierto margen para la sorpresa. Todo lo contrario del turismo, que encarna para la mayoría de nosotros la única opción de “ver mundo”, y al mismo tiempo la mayor amenaza para este mundo que se banaliza y se disneyfica.

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Cualquier lector que tenga un mínimo de curiosidad por su planeta encontrará datos interesantes en todos y cada uno de los capítulos. En mi caso, he acabado leyéndolo con Google Maps delante siempre que he tenido ocasión, con el ánimo de buscar esos puntos en su mayoría desconocidos, muchos de ellos además difíciles de localizar. Ahí radica una de las lecciones y de los atractivos de Fuera del mapa, en el hecho de mostrarnos cómo los mapas pueden resultar inútiles, desfasados, impotentes ante determinadas realidades geográficas. La geografía, por otra parte, se entiende aquí en el sentido amplio que siempre se ha marginado en escuelas e institutos, donde la geografía física ha dejado fuera tradicionalmente a la geografía humana y a otros enfoques.

Uno de los grandes panfletos ateos de la era victoriana se titulaba Hell: Where is it? (“El infierno: ¿dónde está?”). Si nos parece una pregunta extraña, es porque se nos ha olvidado que antaño la geografía desempeñaba un rol central tanto en la moralidad como en la religión. El paraíso, el infierno y todos los demás viajes y destinos de salvación y condenación se entendían como lugares permanentes y realidades cartográficas. Ofrecían un mapa moral que ayudaba a la gente a situarse dentro de un paisaje ético. Parece que las personas necesitamos que la moralidad esté vinculada y arraigada a una serie de lugares concretos e itinerarios específicos. Si nuestras categorías morales se limitan a flotar desvinculadas de la tierra, acabará llevándoselas el viento.

Este fragmento, perteneciente al capítulo dedicado a un pueblo abandonado del oeste de Australia, ilustra bien la riqueza de ideas en uno de los libros más interesantes que se pueden ofrecer al gran público, sea amante de la ciencia geográfica o no. Ese tono divulgativo y neutro —que tan bien consiguen los anglosajones, por otra parte— puede defraudar a quien busque algo más intenso o más underground, pero el hecho de estar traducido por Javier Calvo ya compensa en gran parte esa pequeña pega.

La ciudad solitaria de Olivia Laing

Que nadie se deje engañar por su aspecto de novelita rosa, el primer aviso viene ya en el subtítulo de este libro: Aventuras en el arte de estar solo. Suena un tanto deprimente, ¿verdad? Es un libro un tanto deprimente, y al mismo tiempo apasionante e inspirador. Estamos ante un ensayo (¡oh Dios!), o mejor dicho varios ensayos hilvanados en un volumen unitario publicado por Capitán Swing. El hilo conductor: la soledad, como sentimiento y como circunstancia. Un sentimiento complejo comparable al amor o la tristeza, tan patológico –según la tesis de la autora, respaldada por la obra de varios psiquiatras– como puede serlo la depresión.

Laing parte de lo autobiográfico: la inmensa soledad que siente al instalarse en Nueva York tras unos planes amorosos que se van al garete. Describe sus sensaciones, su aislamiento, sus comportamientos obsesivos, sus penurias. Realmente llegamos a conocer poca cosa de cómo ha llegado ahí, pero el retrato de una persona que está sola, aun estando en una ciudad como Nueva York, es de una cruda veracidad.

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Edward Hopper, “Morning sun”, 1952.

El mencionado subtítulo presagia esa crudeza pero también el otro gran tema, fusionado con el primero: el arte. Y es que la terapia de la autora para encontrar el consuelo está íntimamente relacionada con la experiencia de diferentes artistas que se han visto solos, casi todos en esa misma ciudad, y cuya soledad ha aflorado de una manera u otra en su obra. El primero de ellos es Edward Hopper, el pintor del aislamiento urbano en la América moderna. Nos asomamos a su forma de ser, a la difícil convivencia con su mujer, y a ese particular laconismo que trasladó a sus cuadros.

A partir de ahí, las mezquindades domésticas de Hopper palidecen cuando empezamos a ver el trasfondo biográfico del resto de artistas solitarios. Por ejemplo Andy Warhol, del que puede sorprender su presencia aquí, acostumbrados a relacionarlo con la fama y la pompa social. Laing nos habla de esa familia de inmigrantes rutenos que apenas hablan inglés, de las manías y flaquezas del pequeño Andrej Warhola, sus complejos que persisten de adulto, su marginación previa a la fama, y el disparo que casi le cuesta la vida a manos de la desdichada Valerie Solanas, otra criatura que merece aquí parte del capítulo.

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David Wojnarowicz, “Arthur Rimbaud in New York”, 1978-79.

La biografía de David Wojnarowicz es aún más dura, transcurrida entre una niñez sin cariño y una muerte prematura, pasando por una adolescencia como chapero callejero. En parte lo combativo de su arte le otorga más fuerza a su figura, de la misma manera que su obra y sus escritos son también un canto a la belleza de la intimidad compartida y la celebración erótica, aunque éstas tengan como escenario las ruinas de los muelles abandonados.

Ahora bien, cuando tocamos fondo como lectores es al descubrir (yo al menos no lo conocía) a Henry Darger. Una vida totalmente falta de afecto, transcurrida entre instituciones católicas benéficas y los duros trabajos de ínfima categoría que tuvo que realizar. Darger fue un artista marginal en toda regla, de cuya obra nada se supo hasta que no fue obligado a abandonar el piso diminuto donde pasó décadas. Entonces se descubrió una ingente cantidad de material, tanto escrito como plástico, y por suerte la sensibilidad del casero permitió preservarlo y hacer que su autor empezara a ser reconocido. La obra del autodidacta Darger es única en su rareza, obsesiva, totalmente desconectada de la realidad aparente, y mezcla encantadoras formas de flores y niñitas con escenas de un sadismo virulento. Es más, su autor ejecutaba en esas obras una especie de sacrificios cuando Dios desoía sus demandas. Todo un personaje, trágico y más que probable enfermo mental, si bien no tan monstruoso como a veces se lo ha presentado.

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Klaus Nomi (Wikipedia)

También el cantante Klaus Nomi se asoma a estas páginas con su singular puesta en escena y su portentosa voz. Como Wojnarowicz, su prematura desaparición ilustra los estragos del sida, sobre todo en los años de irrupción de la enfermedad, y con una saña brutal. Estamos a principios de los ochenta y el desconocimiento de esa nueva plaga incluso entre los médicos hace que nadie quiera acercarse demasiado a él, quien además ha adquirido un aspecto monstruoso a causa de las infecciones que ha contraido.

Historias trágicas, cuyos protagonistas han dejado belleza tras de sí a pesar de todo, y que nos hacen vislumbrar en esa soledad monolítica un síntoma de nuestras ciudades, de nuestro tiempo, pero también ver el arte como una preciosa vía de salvación.

Breviario Mediterráneo

No me diréis que esta cubierta no es de lo mejor que habéis visto en mucho tiempo; el azul profundísimo como el mar que representa, el detallismo de embarcaciones y edificios, lo épico de la escena. Existen otras ediciones, también en castellano y por supuesto en otros muchos idiomas, aunque menos vistosas. El caso es que un libro excepcional como éste requería una cubierta excepcional. ¿Por qué lo es? El principal motivo: es la obra de un auténtico sabio, que además habla de su pasión, y no con conocimientos puramente librescos sino también con vivencias en primera persona.

El que escribe sobre el mar tiene sus razones para hacerlo. La ciudad en la que he nacido está cerca del mar Adriático, y su nombre se debe al viejo puente turco. Gracias a su posición y al río que la atraviesa ha adquirido su carácter mediterráneo. Un poco más lejos, yendo por el valle del río hacia el norte, se pierde.

(p. 100)

Este libro portentoso se escribió originalmente en croata, la lengua de una de esas culturas que a pesar de su relativa cercanía nos es desconocida a la gran mayoría. Gracias a Matvejevic la conoceremos algo mejor. Sin embargo no es un libro destinado al autobombo nacional ni mucho menos, sino más bien lo contrario: el Mediterráneo es presentado como el escenario de intercambios y hermanamiento que nunca debió dejar de ser. Aparece en estas páginas como un escenario total, en el que multitud de lenguas se han referido durante siglos a cosas que fundamentalmente eran las mismas.

La península Ibérica, en realidad, es más continente que península. Es la prolongación o el extremo de Europa, una u otra cosa, quizá ambas. El interior no es mediterráneo, como tampoco lo son todas sus costas. Los españoles no son un solo pueblo, pero para la mayoría España es su patria. Los Pirineos han hecho más para mantenerlos juntos que la voluntad de sus habitantes. Pasados diversos se ensamblaron en uno, historias diferentes se ligaron unas a otras. Desde el centro se luchó, sin alcanzar el éxito absoluto, para conquistar el país entero. España es la prueba de lo difícil que resulta eso y el precio que se paga.

(p. 115)

Cualquier aspecto que tenga que ver con el Mare Nostrum, desde la navegación y los portulanos antiguos hasta la pesca de esponjas o la comida tremenda es por ejemplo la receta de la sopa de piedra— aparecerá ante nuestros ojos, convertido no en una explicación académica ni una frivolidad periodística, sino en un glosario que es ante todo un canto de amor a este mar y sus costas,

Así que si alguien, en estos meses de verano y vacaciones, tiene intención de pasar unos días en las costas de este rincón privilegiado del mundo, no va a encontrar mejor lectura que el Breviario mediterráneo de Predrag Matvejevic. Lectura ligera en tanto que cualquiera puede entenderla, y sin embargo de una riqueza incomparable.

Los árabes no llevan el Corán en su hatillo. Y mucho menos los turcos y los albaneses. No he conocido ningún español o croata que saliera a correr mundo con la Sagrada Escritura. No me he encontrado en ninguna parte con emigrantes felices, pero he conocido a muchos que estaban felices de poder emigrar. Eso no es sólo una paradoja en el Mediterráneo.

(p. 298)

 

L’islam avui

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Alguns aspectes controvertits es el subtítol que porta aquest llibre. I, a jutjar per algunes reaccions que ha suscitat, es fa palès que n’hi ha uns quants d’aquests aspectes, i que un assaig que els afronti obertament, sense apriorismes, pot acabar sent igualment controvertit. Com a mostra de tals reaccions, només cal veure el recull que en fa l’editor de Fragmenta al digital Núvol.

És evident que el tema es presta amb facilitat a opinions maximalistes, prejudicis ben arrelats i discussions acalorades. En un context on els mitjans no fan més que presentar-nos les barbaritats que es cometen diàriament en nom d’aquesta religió, és d’esperar que qui més qui menys se la miri amb recel. És això el que converteix en indispensable un estudi d’aquesta naturalesa. I difícilment trobarem algú més idoni que la islamòloga Dolors Bramon, que porta dècades analitzant què diu l’ensenyança recollida en l’Alcorà i què no diu. Una aproximació a l’islam i el seu llibre, l’Alcorà, s’ha de fer des de la filologia. Anant als textos, a les fonts, i en el seu idioma original.

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Muhàmmad rebent la revelació de l’àngel Gabriel (Wikimedia Commons)

Recordo quan jo mateix estudiava religions a la Universitat Autònoma. El professor Josep Montserrat ens va presentar les religions jueva i cristiana d’una manera que mai havíem vist. I tot des de l’anàlisi dels textos, de la paraula escrita. En el moment de tractar l’islam, el professor va deixar lloc a un altre ja que va admetre no conèixer prou l’àrab. Una honestedat poc freqüent, en l’època dels tertulians a temps complet. Doncs bé, Dolors Bramon evidentment sí que domina l’àrab i pot fer una dissecció dels mots recollits a l’Alcorà en busca de resposta. Així ens permet indagar en què hi ha darrera de conceptes com gihad (que és masculí per cert) o xaria. I el que trobem és la deformació tendenciosa d’idees que, o bé tenen una presència molt marginal al llibre sagrat, o bé s’han convertit en tota una altra cosa en boca dels actuals bàrbars que cometen els seus crims tot invocant un islam que no coneixen bé i que en realitat no dóna cabuda als seus excessos.

S’ha acusat Bramon de justificar alguns costums dels musulmans tinguts per injustificables a Occident. El que trobarà el lector, més aviat, és un context ben ampli i aclaridor per cadascun d’aquests aspectes controvertits. Una lectura de l’Alcorà en la línia de les tendències més modernes i aperturistes, que no obstant això no s’aparta de les fonts originals, no vol renunciar a l’islam ni convertir-lo en el que no és. Així, veiem com les idees de Muhàmmad suposen una revolució, un salt qualitatiu, en els costums de les societats àrabs preislàmiques, on per exemple era habitual enterrar vives les nenes si es considerava que ja n’havien nascut suficients. La seva doctrina arriba per canviar aquest panorama, però és evident que no ho pot fer de cop. El que intenta, més aviat, és aconseguir un canvi gradual, conduir cap a costums més humans, més civilitzats, com per exemple en el tema de la violència contra les esposes. També en un tema que ocupa tot un capítol, i que és el del paradís que espera a les dones de vida recta. És sabut que als homes els esperen les hurís, verges complaents i sempre perfectes, però, i a les dones? Qüestions com aquesta arriben a despertar en ocasions una mena de somriure, potser amarg, per la injustícia que comporten, igual que altres particularitats com poden ser la teoria del fetus adormit o alguns dels excessos dels imams, com la defensa de la terra plana.

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Interior de la Mesquita de Muhàmmad Ali al Caire (Nick Perretti, Flickr)

Davant d’aquests esculls que ens tornen a posar al davant l’islam més primitiu i xocant, l’autora s’arma d’arguments i ens presenta les lectures més modernes de l’islam, perquè a banda d’energúmens que distorsionen la religió per cometre barbaritats, són nombroses les figures, i escoles senceres, que busquen un islam modern, obert i capaç d’adaptar-se al present. En aquesta línia va el treball de Bramon, i veiem que aquesta és l’única sortida si volem arribar tots plegats a un enteniment, a la germanor que es proposa de manera valenta en aquest llibre fonamental: la d’assolir una civilització islamo-cristiana.

Chantal Maillard: La mujer de pie

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Un libro único, inclasificable, que no se parece a nada de lo que se pubica hoy día. Chantal Maillard, autora también única e inclasificable, mujer de honda mirada azul, doctora en filosofía y poeta, elegancia y melancolía de una rara avis de la literatura española. ¿Por qué La mujer de pie? Aunque el libro no se recrea en lo personal, existe una razón personal para el título, que el lector descubrirá que tiene que ver con el dolor. Pero no sólo eso: existe también una connotación de desafío, de resiliencia, en el mantenerse en pie.

Estamos seguramente ante el libro más introspectivo y ensimismado que podamos encontrar en las librerías. Una obra cerrada en sí misma, a medio camino entre el ensayo y la poesía. Abundan en ella los fragmentos breves en que la realidad es diseccionada y reducida a sus componentes elementales. La experiencia en primera persona, a menudo dolorosa, es sublimada hacia lo universal, y el camino es la filosofía —Maillard ha sido profesora de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad de Málaga— tanto como la reflexión poética, acompañadas en ocasiones de pensamiento oriental, que la autora conoce muy bien.

El inicio es bastante narrativo y autobiográfico, pero pronto nos asalta el estilo particular de este libro, que es un estilo extremadamente nominal, una prosa en la que no hay acción, sólo análisis y contemplación. Que nadie busque nada parecido a una novela, por tanto. Esa aproximación minimalista y ensimismada puede convertir estos textos en algo casi ilegible si uno no se acerca con el ánimo adecuado. Y aunque lo haga no va a ser una experiencia fácil. No es sencillo entrar en el mundo críptico de Chantal Maillard. Sin embargo, las circunstancias de esta escritura, su razón de ser, no pasan desapercibidas, y vale la pena tratar de sintonizar ese canal de emisiones fuera del tiempo y las corrientes en boga.

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Fotografía de El País

Fuera, llueve. O llovía cuando entré: la habitación es interior. Ya se me acaban las fuerzas, así pues, rápido. Hallar la postura es lo primero. Envidio los cuerpos sanos que no saben el milagro que es permanecer entero. Cuando abro el cuaderno ya no es ni por placer ni por voluntad literaria sino por la necesidad de controlar lo que queda y dar constancia de lo que no. Nada de lo que escribo coincide con lo que quisiera decir. Por la aceleración, probablemente. La mente aguijoneada por el fármaco. Demasiado veloz, el proceso; la mano no alcanza a seguirlo, y la cabeza se cansa de esperar. No hay sabiduría cuando la mente se acelera.

He aquí un fragmento crudamente revelador, a la vez que doliente. Podría parecer un texto marcado por la autocompasión , pero va más allá de eso. No es tampoco un libro para leer seguido, sino más bien para tenerlo cerca, visitarlo, acercarse a él en momentos en que nuestra sensibilidad esté dispuesta. A través de su voz nos acercaremos a pequeños y grandes componentes de la existencia humana, y a una autora muy personal que nos revela su mundo, el nuestro.

Os dejo el principio del libro que ofrece Galaxia Gutenberg en este enlace.

Recorriendo la España vacía con Sergio del Molino.

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No hace mucho que, buscando cierta información sobre la villa de Medinaceli, me topé con el blog de Sergio del Molino. Una entrada suya explicaba el origen del inesperado monumento que tiene dedicado Ezra Pound en ese pueblo soriano. Pensé que se trataba de otro joven aspirante a escritor (del Molino, no Pound), pero lo cierto es que el artículo estaba bien escrito y demostraba no sólo cierta originalidad —ni Pound ni Medinaceli suelen ser trending topic— sino también un interés genuino en lo que relataba. El interés propio de un tipo que tiene un libro entero dedicado a esa enorme fracción del país despoblada y poco menos que olvidada: la España vacía.

En la librería me sorprende ver que un libro sobre este tema y que es más bien caro va por la segunda edición. Será por la alabanza de Muñoz Molina recogida en el fajín. Lo cierto es que una vez empiezo a leerlo se convierte en esos libros que uno siempre quiere tener cerca y sumergirse en él a cada rato. Realmente hacía falta un ensayo como éste. Una aproximación, un análisis, un homenaje a toda esa geografía que se extiende por todo ese interior peninsular que parece un mar de tierra.

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La idea de partida es que esa España vacía es un país dentro de otro país. Su autor ofrece datos empíricos y, lo que es más importante, el bagaje de incontables incursiones en esa zona fantasmal fruto de su labor como reportero. Se puede decir que este ensayo parece nacido de la pasión por un paisaje más que de la intención de llegar a ninguna conclusión. Lo cual no es poco. Es, como reza el subtítulo, un viaje, “por un país que nunca fue”. Seguramente esa pasión, ese origen situado en lo estético y lo personal, hace del libro una obra necesariamente dispersa, cosa que no es en absoluto un defecto, sobre todo si la variedad de intereses y referencias viene siempre de la mano del rigor y una bibliografía amplia. Ese placer de hablar de lo que a uno le apasiona se trasluce de una manera u otra.

Por estas páginas veremos desfilar a Buñuel y a Labordeta, a Gautier y a Joaquín Reyes, los hermanos Grimm y los hermanos Izquierdo. No podían faltar los clásicos del “tema de España”: Unamuno —que, como Buñuel, no sale muy bien parado—, Azorín, Valle-Inclán, Machado. También hay otros nombres fundamentales como el de Giner de los Ríos, Cossío y las Misiones Pedagógicas, a los que dedica un capítulo. Joaquín Luqui, el famoso locutor de Los 40 principales, sirve nada menos que para hablar del carlismo, fenómeno sin el que no se explican muchas cosas. En ese sentido el libro es esclarecedor, demuestra ser rico en ideas, y poco importa que éstas se articulen en torno a una primera persona que para nada estorba. Algunas opiniones o juicios de valor sí que aparecen de una manera más sibilina, cuando nos acercamos a nombres como el de Franco o a asuntos espinosos como los nacionalismos. Un buen rapapolvo dirigido a este lado más controvertido de La España vacía se puede leer aquí. Mi impresión es que Sergio del Molino llama a las puertas del colectivo de escritores serios y hombres de bien, y el tema de España es una excelente carta de presentación. Muñoz Molina, el del fajín, es un referente en ese campo, aunque no está en la mano de cualquiera escribir tan bien como él.

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Se puede leer como eso, como un ensayo sobre un tema hondo para españoles de pro. Y lo es, pero no se puede dejar de destacar el mérito de mezclar a Azorín con Muchachada Nui, a Don Quijote con Extremoduro. Todos estos nombres forman parte de ese país interior. Pero aún más interesante es que el autor comparta con todos nosotros los nombres nuevos —o no tanto, como Julio Llamazares— que se han acercado a esa realidad rural de España. Lo que del Molino llama el Gran Trauma, los éxodos migratorios de hace unas décadas, forman parte de la historia de millones de españoles, y es un tema, casi una llamada interior, que se abre paso en el imaginario de personas que no tienen por qué haberlo vivido directamente.

La construcción de identidades originales desde la ciudad con una mirada a los mitos heredados, que se reconstruyen y se reinventan con una libertad enorme. Es el estadio último de la descomposición de un país , una forma sutil y casi invisible de levantar una patria imaginaria.

Sergio del Molino, La España vacía.

Ese proceso de levantar una patria imaginaria puede que sea el principal relato que se explica en La España vacía. Otro sería sin duda la tensión campo/ciudad, pero la desintegración de gran parte del país y su sustitución por un relato mítico es una potente leyenda que pervive no sólo en círculos familiares, sino también en estas páginas que se leen con fruición.

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Simone Weil: la recerca de L’arrelament

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Simone Weil. Un nom d’aquells que sonen però amb una vaguetat que no permet dir-ne massa cosa. Una figura encara poc coneguda per la majoria de nosaltres. L’aparició per primer cop en català d’aquesta obra subtitulada Preludi a una declaració dels deures envers l’ésser humà, a Edicions de 1984, ha de ser una invitació a conèixer les idees d’aquesta pensadora única. Única perquè no és fàcil fer-la encaixar en cap corrent més ampli: marxista que critica el comunisme i l’URSS, jueva immersa en el misticisme cristià, parisenca reivindicadora del llegat occità. La singularitat de la seva filosofia està íntimament lligada a la seva peripècia vital i l’època crítica que li va tocar viure. Malgrat el desencís de diverses experiències viscudes en carn pròpia el món obrer, l’avenç del feixisme, la nostra Guerra Civil en aquest llibre, escrit al final de la seva vida massa breu, es formula tot un programa destinat a tornar a posar l’ésser humà en el camí adequat. En les seves paraules, revertir el desarrelament, “la malaltia més perillosa de les societats humanes”.

Les persones vertaderament desarrelades només tenen dos comportaments possibles: o bé cauen en una inèrcia anímica gairebé equivalent a la mort, com la majoria dels esclaus en temps de l’imperi romà, o es llancen a una activitat que sempre tendeix a desarrelar, sovint pels mètodes més violents, les persones que encara no ho són o només ho són en part.

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 Sabem que Weil va escriure les últimes pàgines malalta, sota els efectes de la febre, en la recta final d’una vida que ella no va mirar d’allargar. Ja no menjava ni dormia ni prenia cap medicació. Li havien donat feina a Anglaterra, al Comissariat de l’Interior de la França Lliure, on havia de donar forma a una futura constitució per a la nova França, que cada cop l’il·lusionava menys. A més, ella volia fer tasques més agosarades, per exemple accions de sabotatge. Una dona fràgil, però d’acció.

La forma contemporània de l’autèntica grandesa és una civilització constituïda per l’espiritualitat del treball.

Les circumstàncies que van envoltar la redacció d’aquests escrits em van fer esperar un text molt més il·luminat, fragmentari, fet a base de rampells. Ben al contrari, L’arrelament és d’una coherència exquisida i una forma impecable: res hi sobra, ni hi trobem res fora de lloc. Moltes de les qüestions que preocupen l’autora són encara ben aprofitables a dia d’avui. Per exemple el tema de la nació:

Totes han estat substituïdes per la nació. La nació, és a dir, l’Estat; ja que no es pot trobar una altra definició per a la paraula “nació” que el conjunt de territoris que reconeixen l’autoritat d’un mateix Estat. Podem dir que a la nostra època els diners i l’Estat han reemplaçat els altres vincles.

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Més enllà de l’atractiu filosòfic i el de la descoberta d’una autora única, el gran atractiu del llibre és el viatge que ens ofereix al cor del segle XX. Un cor, com sabem, que és una tragèdia en sí mateix, ofegat per la brutalitat de la 2a Guerra Mundial. Simone Weil va tenir ocasió de viure de prop molts dels episodis determinants de l’època, com he dit al principi. Les seves idees van anar incorporant aquestes vivències, aquests canvis sovint traumàtics. Ens parla de Hitler quan aquest és una realitat, i el seu domini ominós està a punt d’asfixiar Europa sencera. Una època difícil la que va viure Weil, però que li va permetre, ens ha permès a través d’aquestes pàgines, destil·lar-ne ensenyances, brins dispersos d’esperança, reversos a un món en risc permanent d’autodestruir-se.

Us deixo amb el vídeo de la presentació del llibre a la llibreria Calders, un col·loqui molt interessant entre la traductora, la prologuista i Teresa Forcades, per aprofundir en el valor d’aquestes pàgines.