Breviario Mediterráneo

No me diréis que esta cubierta no es de lo mejor que habéis visto en mucho tiempo; el azul profundísimo como el mar que representa, el detallismo de embarcaciones y edificios, lo épico de la escena. Existen otras ediciones, también en castellano y por supuesto en otros muchos idiomas, aunque menos vistosas. El caso es que un libro excepcional como éste requería una cubierta excepcional. ¿Por qué lo es? El principal motivo: es la obra de un auténtico sabio, que además habla de su pasión, y no con conocimientos puramente librescos sino también con vivencias en primera persona.

El que escribe sobre el mar tiene sus razones para hacerlo. La ciudad en la que he nacido está cerca del mar Adriático, y su nombre se debe al viejo puente turco. Gracias a su posición y al río que la atraviesa ha adquirido su carácter mediterráneo. Un poco más lejos, yendo por el valle del río hacia el norte, se pierde.

(p. 100)

Este libro portentoso se escribió originalmente en croata, la lengua de una de esas culturas que a pesar de su relativa cercanía nos es desconocida a la gran mayoría. Gracias a Matvejevic la conoceremos algo mejor. Sin embargo no es un libro destinado al autobombo nacional ni mucho menos, sino más bien lo contrario: el Mediterráneo es presentado como el escenario de intercambios y hermanamiento que nunca debió dejar de ser. Aparece en estas páginas como un escenario total, en el que multitud de lenguas se han referido durante siglos a cosas que fundamentalmente eran las mismas.

La península Ibérica, en realidad, es más continente que península. Es la prolongación o el extremo de Europa, una u otra cosa, quizá ambas. El interior no es mediterráneo, como tampoco lo son todas sus costas. Los españoles no son un solo pueblo, pero para la mayoría España es su patria. Los Pirineos han hecho más para mantenerlos juntos que la voluntad de sus habitantes. Pasados diversos se ensamblaron en uno, historias diferentes se ligaron unas a otras. Desde el centro se luchó, sin alcanzar el éxito absoluto, para conquistar el país entero. España es la prueba de lo difícil que resulta eso y el precio que se paga.

(p. 115)

Cualquier aspecto que tenga que ver con el Mare Nostrum, desde la navegación y los portulanos antiguos hasta la pesca de esponjas o la comida tremenda es por ejemplo la receta de la sopa de piedra— aparecerá ante nuestros ojos, convertido no en una explicación académica ni una frivolidad periodística, sino en un glosario que es ante todo un canto de amor a este mar y sus costas,

Así que si alguien, en estos meses de verano y vacaciones, tiene intención de pasar unos días en las costas de este rincón privilegiado del mundo, no va a encontrar mejor lectura que el Breviario mediterráneo de Predrag Matvejevic. Lectura ligera en tanto que cualquiera puede entenderla, y sin embargo de una riqueza incomparable.

Los árabes no llevan el Corán en su hatillo. Y mucho menos los turcos y los albaneses. No he conocido ningún español o croata que saliera a correr mundo con la Sagrada Escritura. No me he encontrado en ninguna parte con emigrantes felices, pero he conocido a muchos que estaban felices de poder emigrar. Eso no es sólo una paradoja en el Mediterráneo.

(p. 298)

 

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Homenaje a Estonia: Purga, de Sofi Oksanen

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Vengo de pasar unos días en ese pequeño y aún poco conocido país llamado Estonia. Parte del ritual antes de viajar a cualquier lugar es hacerse con alguna lectura lo más relacionada posible con el destino que se va a visitar. Tratándose de Estonia no parecía tarea fácil, y es que la literatura de esa república apenas ha trascendido más allá de sus fronteras. Sin embargo hay una escritora de éxito internacional, estonia por parte de madre, que sí que ha centrado su obra en ese país, y que por suerte tiene sus libros traducidos a muchos idiomas y perfectamente localizables. Hablo, claro está, de la finlandesa Sofi Oksanen, y la lectura de estos días no ha sido otra que una de sus novelas más aclamadas, Purga.

La acción nos traslada al oeste rural de Estonia, donde una mujer mayor, Aliide Truu, vive sola en una aldea, entre conservas y confituras. A su jardín llega una joven rusa en muy malas condiciones, huyendo, al parecer, de su marido, y que acaba siendo acogida en casa de Aliide. Entre ambas mujeres nacerá una peculiar relación, basada no tanto en lo que se dice como en lo que se calla. En realidad, Zara, la joven rusa, huye de sus explotadores, dos rusos que la han prostituido y humillado sistemáticamente en Berlín.

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Sofi Oksanen (Wikipedia)

Si esta trama principal tiene lugar en 1992, recién estrenada la independencia de Estonia, las páginas que vienen después pronto nos llevan al pasado, para bucear en la convulsa historia del país y la no menos convulsa historia familiar de Aliide. Ésta acabará por revelarse como uno de los personajes más angulosos y cautivadores de la literatura europea de los últimos años, una heroína silenciosa y, como mujer, silenciada, pero que demuestra a lo largo de su vida una sorprendente capacidad de salir adelante, no siempre con buenas artes. En este sentido llama la atención la conexión con los conocimientos ancestrales que encarna el personaje de Maria Kreeli, la bruja de la aldea. La ambivalencia del Aliide es lo que le da vida y la sitúa en la selecta nómina de nombres librescos que dejan huella. Con los dramas familiares se mezclarán íntimamente los dramas relacionados con el momento histórico y su brutal impacto en una sociedad tradicional.

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Del blog Perdido en Estonia de Jesús Rodríguez

La ocupación soviética en los años cuarenta, ocurrida justo después de la alemana y que se prolongaría hasta el desmoronamiento de la URSS, supone el principal trauma de la sociedad estonia, y en novelas como ésta entendemos el porqué: las deportaciones, delaciones, ejecuciones, huidas al bosque, humillaciones, impunidades… Un pueblo sumido en el miedo y, cómo no, con su cuota de advenedizos que asumen los ideales del invasor como propios, no por simpatía por las ideas socialistas sino por pura conveniencia, dando lugar a tensiones y rencillas de diversa gravedad, ingredientes todos ellos que conforman una mezcla explosiva y que están bien representados en el microcosmos de Purga.

A día de hoy, Estonia trata de ser un país europeo y avanzado, habiendo pasado página de ese largo episodio de opresión y terror, que poco tuvo que ver con el socialismo. Queda en él una importante minoría rusa que se encuentra entre dos aguas, la consciencia de pertenecer a un gran pueblo y por otra parte la constatación de vivir mejor en Estonia probablemente de lo que lo harían en la Madre Rusia. Un país entre dos mundos, como vemos. Mientras tanto, las bases soviéticas, sus almacenes, sus infraestructuras ruinosas, han quedado diseminadas por el territorio como un atractivo para turistas, imagen viva del declive de una época con más sombras que luces. Obras como la de Sofi Oksanen vienen a recordarnos de dónde vienen las nuevas generaciones de estonios, jóvenes amantes de la tecnología (¿herencia soviética tal vez?) y que por lo general apenas hablan ruso ya. También el éxodo de muchos de sus padres en Finlandia, el parís hermano, como en el caso de Talvi, la hija de Aliide, o de la propia madre de Oksanen, tiene que ver naturalmente con esa realidad ominosa. La joven escritora ha metido el dedo en todas esas llagas que parecen cerradas pero que aún están latentes entre los bosques de ese maravilloso país.

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Jesús Rodríguez Santos, Perdido en Estonia